Si observas los diferentes organismos que habitan un jardín, encontrarás que existen algunos que son similares entre sí pero no iguales. Es decir, comparten un modelo que te permite agruparlos, pero también reconoces diferencias que los separan. Esta variación se conoce como diversidad biológica y es el resultado de la adaptación de los organismos a las circunstancias de cada sitio en un momento determinado y que son heredadas a las siguientes generaciones.
Como ejemplo, hablaremos de las salvias, un género que en México se divide en 312 especies, 232 de las cuales solo están en nuestro país.
¿Qué las une?
Todas las salvias tienen los tallos cuadrados, las hojas simples y opuestas, las flores semejantes a labios con 2 estambres que suben y bajan en un interesante método de polinización por balancín.
¿Qué las divide?
Lo más evidente son las flores. Puede ser tubular alargada o muy corta y con variaciones en la forma de los labios. Los colores van del blanco a tonos de rosa, amarillo, rojo, azules o morados, incluso combinar 2 o 3 de ellos. Las hojas varían en el tamaño, la forma, cantidad, color y tipo de pubescencia. Y podríamos seguir enumerando diferencias para cada estructura de la planta hasta separar todas las especies.
Cada una está equipada para sobrevivir en un sitio y cumplir una función en el ecosistema al que pertenece, la preservación de todas es clave para la conservación de la Biodiversidad. |
Las salvias son plantas de gran importancia económica? Algunas por su uso ornamental, como la salvia terciopelo (Salvia leucantha), por contener sustancias de uso medicinal y aceites esenciales, como la hierba del burro (Salvia elegans), o comestibles, como la chía (Salvia hispánica). Salvia viene del latín y significa salvar. |